¿Pueden las empresas contribuir a los Objetivos de Desarrollo del Milenio?
La pregunta no es baladí: ¿pueden, realmente, las empresas contribuir a los ODM? Lo que podemos de relieve en el libro es que, efectivamente, poder, pueden. Ahora bien, ¿quieren? Y, caso de que quieran, ¿cómo pueden hacerlo?
Este es el título del libro que hemos presentado recientemente, y que hemos editado gracias al aliento, la constacia y la convicción de Maria Prandi. La pregunta no es baladí: ¿pueden, realmente, las empresas contribuir a los ODM? Lo que podemos de relieve en el libro es que, efectivamente, poder, pueden. Ahora bien, ¿quieren? Y, caso de que quieran, ¿cómo pueden hacerlo? En el libro, con una profusión de ejemplos, hemos querido subrayar que los ODM son, a la vez, una oportunidad y una posibilidad para las empresas, especialmente en el contexto de la crisis actual. Y la diversidad de ejemplos y aproximaciones recogidos muestran que la respuesta de las empresas a los ODM es plural –tanto en lo que se refiere a prácticas como a discursos- y que, por consiguiente, la cuestión no es si pueden contribuir (hay una gran diversidad de maneras de hacerlo, algunas muy innovadoras) sino hasta qué punto asumen la voluntad y el compromiso de hacerlo.
Porque el debate en torno a la participación del sector privado como respuesta a la realidad del hambre o la pobreza en el mundo parece que empieza a superar la omnipresente y tediosa discusión de si esta cuestión le es propia o no. Se ha argumentado, con razón, que el sector privado no debería en principio invadir competencias y responsabilidades que corresponden a los Estados cuando se trata de competencias y responsabilidades vinculadas a derechos humanos de carácter universal, como la educación o la salud. Otras voces, más críticas, proceden de las propias empresas que opinan que éstas no deberían tener ningún tipo de responsabilidad respecto a cuestiones totalmente desvinculadas de lo que consideran su principal razón de ser, que es el beneficio económico.
Sin embargo, parece cada vez más claro, en el contexto de la globalización, que todos los actores (y, por consiguiente, también las empresas) son interpelados por los retos globales a los que se enfrenta la humanidad. De ahí que el papel de las empresas sea considerado cada vez más preponderante en la solución de cuestiones que afectan a las condiciones de vida y, a menudo, también al sufrimiento cotidiano de buena de la población mundial. Las empresas son vistas cada vez más como organizaciones que, por su creciente poder económico, social y político, deben asumir una serie de responsabilidades que no se reducen a la eficaz gestión económica y financiera de sus activos. De hecho, en la realidad cotidiana, su papel en el avance o en el retroceso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se está revelando crucial. En la era global, la gobernanza de cuestiones que afectan a la población mundial no se circunscribe a la actuación de un único actor (los estados) sino que, para bien o para mal, interpela a otros actores que, con diferentes responsabilidades y áreas de influencia, pueden contribuir a través de sus actuaciones a trazar un destino diferente para una gran mayoría de población que actualmente se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad.
Los ODM son ocho objetivos de desarrollo y de lucha contra la pobreza, recogidos en la Declaración del Milenio (2000) de Naciones Unidas, que 190 países se comprometieron a alcanzar en el año 2015. Se basan en un plan de acción y en un nuevo consenso internacional que dirige su mirada hacia los más de 1.000 millones de personas que viven en la extrema pobreza. Esta iniciativa es innovadora respecto a otras propuestas anteriores ya que fija por primera vez objetivos claramente definidos y cuantificables, involucra a los países en vías de desarrollo y, por otra parte, abre la puerta al sector privado como aliado para lograr la consecución de estas metas.
Más allá de esta premisa inicial, queda pendiente el reflexionar, no sólo, sobre cómo puede construirse una participación positiva de la empresa en cuestiones de desarrollo sino también sobre la calidad ética de las actividades que emprenda en este ámbito. Sin embargo, hoy por hoy, hay que tener en cuenta que lo más decisivo será, de entrada, que no entorpezcan el avance hacia los ODM en su simple quehacer cotidiano. En un contexto ciertamente difícil en el que se entremezclan crisis de diversa índole (financiera, energética, alimentaria y medio ambiental) con las aspiraciones cada vez más ambiciosas del sector privado en el campo de la RSE, la contribución de la empresa a los ODM debería encarnar no sólo la asunción de la RSE sino sobre todo su progresiva consolidación como referencia para las empresas, tanto desde el punto de vista de la gestión como de las expectativas de la sociedad y de los mercados.
En un contexto como el actual de recesión y crisis económica, las empresas reorganizan sus actividades buscando nuevos mercados y oportunidades de negocio. En este nuevo marco de trabajo en el que la empresa puede generar también nuevas maneras de relacionarse con las sociedades excluidas y así revertir, multiplicar y transformar su inversión económica de manera que dé como resultado nuevas formas de crecimiento para estas poblaciones, a la vez que responde a la generación de beneficios. El libro pretende no sólo acercar los ODM al sector privado (en el sentido de aumentar su comprensión y su compromiso respecto a ellos) sino sobretodo dar visibilidad a las oportunidades que se generan a partir de una nueva creatividad empresarial que dirige una nueva mirada hacia las personas y grupos sociales más vulnerables del planeta.
El libro que acabamos de publicar no quiere ser más que un punto de partida y un punto de encuentro (y también, por qué no, de desencuentro) entre los distintos actores involucrados en los grandes retos que enfrenta la humanidad, de manera que cada uno de ellos, desde su propia visión, reflexione acerca de si es acertado pensar que las empresas deben tener o no un papel que jugar respecto a los ODM, cómo se debería articular y dar contenido a esta contribución y también cuáles son sus límites. En cualquier caso, la implicación de la empresa en los ODM, en determinados países en vías de desarrollo, podría ser considerada como un pilar básico de su política de RSE por lo que está cuestión gana, si cabe, una mayor actualidad y urgencia.